El titular de este artículo está tomado de la intervención que el pasado mes de septiembre pronunció José Maria Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica en el marco del I Congreso de Industria Conectada 4.0. El máximo directivo de la operadora española resumió sus valoraciones destacando que “la oleada que viene con el 5G lo cambiará todo. Más aún con la inteligencia artificial o el internet táctil, por lo que es necesario adaptarse como personas, empresas y como países”.

En Virginia Peña Advocats creemos que la necesidad de renovación tecnológica en los bufetes es incuestionable ya que la gestión de los datos no es una tendencia, sino una imprescindible ventaja competitiva, y supone el gran reto al que deberá enfrentarse antes o después todo el sector legal. Por ello, los despachos jurídicos tienen que cambiar de mentalidad para poder adaptarse a las peticiones y necesidades de unos nuevos clientes con otra formación, más digitales y que precisan de una capacidad de respuesta y gestión alejada del estereotipo tradicional y conservador que aún hoy envuelve al sector.
El objetivo final de toda esta nueva filosofía es poder dar a estos nuevos clientes el mejor servicio posible. Esta apuesta servirá también para afrontar otro reto a corto plazo: la retención del talento joven, que llega a las firmas de abogados importando un nuevo estilo laboral.

En este sentido, Gonzalo Lissarrague, director de GGO de Thomson Reuters asegura que “un abogado es mejor profesional gracias a la tecnología”. Y en una reciente entrevista en Expansión sentenciaba que “hoy por hoy, los clientes te llaman a cualquier hora del día y te envían comunicaciones a través del correo electrónico o de aplicaciones móviles como WhatsApp. Eso te obliga a estar presente en esos canales. El cliente espera que le respondas si debe firmar o no un contrato ese mismo día. Sería inviable hacerlo sin la ayuda de la tecnología”.

Y añade: “A aquellos que temen el progreso tecnológico, les diría que el cambio no sólo es inevitable, sino que les va a permitir trabajar mejor, y que su expertise personal nunca va a estar en juego. Una máquina puede buscar y filtrar contenido más rápido, pero es el abogado, con sus años de experiencia y su intuición, el que aporta la diferencia”.

Además, continúa Lissarrague, “la mayoría de herramientas tecnológicas son muy fáciles de usar. No necesitamos que el abogado sepa informática, sino derecho”.